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¿QUÉ SON LAS ENFERMEDADES INFLAMATORIAS INTESTINALES?

Al hablar de enfermedades inflamatorias intestinales (EII), nos referimos a una serie de enfermedades que, como el nombre indica, afectan al intestino en alguno de sus tramos, inflamándolo de manera crónica. Concretamente, las enfermedades a las que normalmente nos referimos son dos: la enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU). Hay un tercer grupo de pacientes, que padecen una enfermedad que reúne características de las otras dos y que se llama colitis indeterminada. Una inflamación es un proceso médico en el que una parte del cuerpo, por alguna causa, se llena de glóbulos blancos y otras células, que fabrican sustancias que producen hinchazón, calor, aumento de la congestión de la sangre y otros cambios. Es lo que ocurre, por ejemplo, alrededor de una herida, que se pone roja, caliente y dolorosa. Muchas personas dicen "inflamación" cuando quieren decir "hinchazón", y no es lo mismo tener el abdomen hinchado (con gas) que inflamado (con una de estas enfermedades).

La EII afecta por igual tanto a mujeres como a hombres. No es contagiosa. Su causa es aún desconocida. Es de evolución crónica, es decir, de larga duración. No es mortal si se la trata adecuadamente.

La edad en que predomina el debut de los síntomas es la tercera década, aunque puede aparecer en cualquier momento desde la infancia hasta la senectud. En la actualidad, se ha percibido un incremento de la incidencia en la infancia/ niñez.

La EII presenta lesiones que tienden a reactivarse intermitente e impredeciblemente. Su evolución puede ser variable, constante o manifestándose en períodos de brotes (períodos de actividad) y remisión (inactividad).

Los síntomas más frecuentes son diarrea, a veces con sangrado y moco, dolor abdominal, fiebre y pérdida de peso. En niños y adolescentes puede existir retraso del crecimiento y de la maduración (esta última más frecuentemente en EC). En otros casos, se agregan manifestaciones extraintestinales como ser inflamación de las articulaciones, problemas en los ojos, piel, hígado y/ o trastornos renales.

La EII aún no tiene cura, pero hay diversos tipos de tratamientos medicamentosos destinados a controlar las recaídas, reducir la duración de las que surjan y maximizar los períodos de remisión.

Todo tratamiento debe estar bajo la supervisión de un médico, nunca deberá automedicarse. El médico especializado en este tipo de enfermedades sabrá determinar cuál es la medicación más adecuada según las características y edad del paciente.

El paciente (adulto) y/ o los familiares, deben estar informados de los problemas asociados a la enfermedad, el tratamiento y los efectos de la medicación para poder tomar decisiones acertadas. Así como quien conduce un automóvil debe estar siempre atento, lo mismo debe ocurrir en el paciente con EII y no descuidarse simplemente porque ha recorrido ese mismo camino por muchos años.

La incidencia es mayor en áreas urbanas y en la raza blanca, especialmente de ascendencia judía.

En Argentina, éste tipo de enfermedades no son muy comunes y se consideran de baja prevalencia, o poco frecuentes. En países como Nueva Zelandia, Australia, Canadá, Estados Unidos y en ciertos países de Europa es mucho más frecuente, con estudios que confirman más de un millón (1.000.000) de pacientes en la Unión Europea y más de un millón cuatrocientos mil (1.400.000) afectados en los Estados Unidos. Se requieren estudios epidemiológicos en nuestro medio para determinar el número de enfermos.

¿Cuál es su causa?

Si bien la causa aún no está establecida, se piensa que existe una predisposición genética y un desencadenante ambiental. Esto significa que alguna característica de la composición genética de una persona lo predispone o lo hace susceptible a desarrollar EII frente a un desencadenante que lo estimula. Un ejemplo simple podría ser: una persona de piel muy blanca, expuesta al factor “sol”, desarrolla una reacción en la piel (quemadura). Ahora bien, si esa misma persona evita la exposición solar, aun siendo susceptible a desarrollar una quemadura solar, no se quemará. Así mismo, como esa reacción depende de las características genéticas de cada individuo, una persona de tez más oscura, estando expuesta al sol en el mismo momento que la de tez blanca, no desarrollará quemaduras o al menos no de la misma intensidad que la otra, debido a sus características genéticas. La diferencia entre el ejemplo y la EII, es que el factor desencadenante en ella aún no se ha podido determinar cual es.

En las personas con EII, una vez desencadenado el proceso inflamatorio, las defensas del cuerpo actúan en contra de los componentes del propio cuerpo, como si fueran elementos extraños (autoinmunidad). Estas sustancias extrañas, ya sean proteínas o bacterias o alguna otra sustancia desconocida (antígenos), pueden llegar a ser la causa de la inflamación o puede que estimulen las defensas del cuerpo que producen la inflamación. El agente agresor activa las células inmunes del intestino, y estas células desencadenan una respuesta defensiva. El problema surge porque los pacientes con EII se caracterizarían por sus respuestas inmunes exageradas, en vez de eliminar al agresor y continuar su proceso de reparación normal, se dedicarían a mantener una defensa perpetua en el intestino, o lo que es lo mismo, un estado de inflamación continuo que sería lo que a la larga más perjudicaría al enfermo.

Tiempo atrás, se pensó que la tensión, la ansiedad o una dieta inadecuada eran los causantes. En la actualidad se sabe que estas enfermedades no se deben a causa del estrés emocional ni a la alimentación. Pero sí en muchos casos, el estrés causado por la enfermedad o por otras situaciones de la vida, puede agravarlas. En ocasiones, ciertos alimentos pueden ser más irritantes que otros.

Hoy por hoy, la EII no es curable, pero sí controlable, y la mayoría de las personas pueden gozar de una vida relativamente normal. El fin del tratamiento es reducir los síntomas, mejorar la nutrición y el crecimiento, evitar nuevos brotes o recaídas y reducir la duración y severidad de los que surgen.

El síndrome de Colon Irritable no pertenece a la EII dado que no se caracteriza por inflamación del intestino, sino que se trata de un desorden que afecta la motilidad (contracciones musculares) del colon. Es una enfermedad de menor seriedad y no guarda relación con la EII.

En Argentina hay excelentes profesionales y equipos que se dedican al estudio y tratamiento de la EII. El centro con mayor experiencia en adultos es el Hospital de Gastroenterología “Dr. Bonorino Udaondo”, ubicado en Capital Federal. En Mendoza, el Hospital Universitario de la Universidad Nacional de Cuyo (www.hospital.uncu.edu.ar) posee un grupo de trabajo en EII, con atención dedicada a este grupo de pacientes.

Existen asociaciones de pacientes con EII en muchos países. Para muchos pacientes es muy recomendable contactar con ellas. Pueden así mantenerse informados, conocer a otras personas con el mismo problema, hablar y recibir apoyo emocional y presionar como grupo para que se reconozcan a estos pacientes los beneficios sociales que merecen. En Argentina, la fundación Mas Vida (www.masvida.org.ar) participa activamente en defensa de los derechos de pacientes con enfermedades inflamatorias intestinales.